Primer empleo, Psicología y emociones, TFG

3 verdades imprescindibles sobre el TFG (que nadie te ha contado)

Estás en último curso, tal vez con el Prácticum, y cada vez tienes más cerca el fin de tu Grado. Pero aún queda un escollo que salvar: el TFG. Ese trabajo final del que llevas oyendo hablar desde hace tiempo. Tal vez no sea tan fiero como lo pintan. O sí. Cuando te metes en la piscina, descubres dos verdades que duelen como bofetadas: una, no era como te lo pintaban, ¡era peor!; dos: no se parece a nada que hayas hecho antes. De hecho, es tan distinto a todo lo que conoces que empiezas a dudar de tus capacidades.

Todas estas inseguridades son normales. Simplemente, vas a enfrentarte a tu primera investigación original y eso es algo para lo que nadie nace. ¿Irías a esquiar en ropa interior? ¿Harías running con stilettos? ¿Te comprarías un chándal para ser testigo en la boda de tu hermana? No, ¿verdad? Pues igual que te preparas para muchas cosas en la vida, hacer un TFG también requiere una preparación previa. A investigar se aprende. Voy a darte tres claves que te facilitarán la tarea incluso antes de elegir qué quieres hacer.

Un TFG es mucho más de lo que te cuentan. Descubre el secreto. [Imagen: Unsplash]

1. Un TFG es (casi) una ocupación laboral

Aunque tengas que matricularte como si fuera una asignatura más, el TFG no lo es ni lo será nunca. Vas a tener que dedicarle un mínimo de horas al día, durante semanas. Cuanto antes construyas esa rutina, mejor. Busca un lugar tranquilo para trabajar, utiliza la biblioteca y diseña un buen plan de investigación [lo explico aquí y aquí]. Si mantienes la constancia, en menos de 10 días habrás desarrollado inercia y ni te darás cuenta. Este tipo de hábitos son muy importantes para el mundo laboral. Cualquiera que sea tu trabajo (incluso si no es el de tus sueños), habrás aprendido algo que te servirá.

2. Un TFG es un proceso, no un fin

Hasta ahora tu esfuerzo terminaba al presentarte a los exámenes. Spoiler: una actitud pasiva de memorización y escupido de datos no te va a servir para el TFG. Entender esto es la mejor manera de evitar el estrés académico, la procrastinación y la amplia gama de trastornos emocionales que veo a menudo entre mis estudiantes. El proceso de investigar forma parte del aprendizaje de un TFG y tú eres el centro de decisión. Anota a mano ideas sueltas, tareas, títulos de libros… lo que se te ocurra. Al escribir sobre algo, nuestro cerebro lo interioriza mejor. Es bueno contar con una opción analógica para esos ratos en los que no tengas el portátil cerca. Ponerte a redactar es solo la última fase. Exprime y disfruta todas ellas.

3. Un TFG te transformará (si no, no lo has hecho bien).

Cuando una persona se inicia en el mundo de la investigación, echa a andar a través de un camino incierto. Al principio lo hará con pasos vacilantes, con el tiempo afirmará sus pisadas. El conocimiento y las lecturas son las linternas que impiden que lo haga a oscuras. Cuanto más sepas de tu tema, más largo será el haz de luz de tu linterna. Al llegar al final de tu camino, es muy posible que todo, mucho o algo de ti haya cambiado. El mayor efecto secundario de investigar es que da un bagaje más profundo y rico. Los hábitos de ejercicio mental que te obliga a hacer el TFG (buscar, proyectar, leer, comprobar, anotar, crear) también sirven para la vida.

Como ves, el TFG es algo más que la última prueba. Es toda una experiencia. Aprovéchala al máximo. Si  necesitas una guía extra, mi libro Sobrevivir al TFG es una excelente inversión. Consúltame tu caso, en Docendo Discitur puedo ayudarte.