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Predatory journals: qué son y por qué hay que evitarlas

La carrera investigadora es hoy una competición feroz por conseguir un buen currículo. Tener publicaciones equivale a ganar opciones en la pugna por una plaza, como resume la famosa frase publish or perish (publica o perece).  Un ejemplo real y doloroso de esto el protagonizado por Cristina Gil-Lamaignere, una bióloga molecular que pasó de trabajar en laboratorios de primer nivel a volver a vivir con su madre y sobrevivir con trabajos precarios por no acreditar publicaciones al ritmo exigido.

Pero, ¿vale todo? A algunos parece que sí, como demuestra el caso, publicado en El País este mismo mes, de un profesor de la Universidad de La Laguna que había construido su currículo con artículos pagados en revistas de dudosa reputación. El engaño fue descubierto por otro concursante al mismo puesto.

Una situación como esta solo puede llegar a materializarse gracias a revistas que no cumplen los estándares de calidad y solo buscan hacer negocio a toda costa. Conocidas como Predatory Journals (revistas depredadoras) amenazan con convertirse en una nueva epidemia aprovechando las rendijas del modelo de acceso abierto. Si bien el pago es una opción aceptada en el modelo de acceso abierto (pues se necesita financiación) nunca exigen dinero para poder publicar. Hay que recalcar que este modelo nace a comienzos del presente siglo para evitar que el pago de licencias a precios prohibitivos se convierta en un freno a la difusión científica, pero no implica una rebaja en la calidad, ni se comercia con el contenido. Las revistas en acceso abierto tienen comités de revisión, estándares de calidad y un riguroso proceso de evaluación. Por tanto, estar en acceso abierto no significa dar barra libre, que es lo que hacen las depredadoras. Según Jefrey Beall, bibliotecario y profesor de la Universidad de Colorado, el objetivo de las depredadoras “no es promover, preservar y difundir el conocimiento; al contrario, su objetivo es explotar el pago por el autor, un modelo de acceso abierto, en beneficio propio” [cita tomada de Sobre las revistas depredadoras. UNED].

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Di no a los depredadores que quieren lucrarse con tu contenido. Fuente: Pixabay

Cómo identificar una revista depredadora

1. Se alimentan de tu ego: aprende a decir no

Para publicar en una revista académica, es el autor o autora quien debe contactar con ella, siguiendo unas instrucciones de publicación y un determinado proceso. Las revistas depredadoras lo hacen al revés, contactando con posibles víctimas a través de agresivas campañas, incluso en inglés. Saben que un/a investigador/a prestigioso/a no va a aceptar publicar en cualquier sitio, por eso hacen captaciones masivas y juegan con el ansia de reconocimiento.

2. No están donde deberían

Los nombres de las predadoras suelen jugar a confundir por su parecido con el de revistas prestigiosas. Una estrategia eficaz es buscarlas en bases bibliográficas sólidas. Si no están en MIAR, DOAJ, ERIH Plus, Scopus Sources o Master Journal List – WoS, mal asunto.

3. No son transparentes y ocultan información crítica

A veces ya la propia web puede parecer chapucera, pero en otras ocasiones pueden imitar muy bien el aspecto online de una revista prestigiosa. No te dejes impresionar. Recopila abundante información antes de hacer nada. Si tienen algún material publicado para fingir transparencia, suele ser de pésima calidad porque publican todo, sin ningún filtro. Existe una lista de revistas depredadoras que puedes consultar aquí: List of predatory journals

4. No tienen comités de evaluación

Toda revista académica tiene un comité editorial o de evaluación. Son garantía de calidad, porque te están indicando que van a leer tu trabajo antes de decidir si lo publican (y te enviarán un informe privado con la valoración  de tu propuesta). Deben figurar los nombres completos de sus integrantes y la institución para la cual trabajan. Si esta información falta o es escasa, algo huele mal.

5. Los plazos son anormales y piden mordida

El proceso de selección y aceptación de un paper es largo (y a veces, desesperante). Desconfía de periodos de aceptación demasiado cortos (inferiores a 6 semanas) y por supuesto, de tarifas inadecuadas. No pueden pedirte dinero por publicar tu material, bajo ningún pretexto. Ojo con hacer pagos por Paypal o dar números de tarjetas.

Por qué no debes alimentar al monstruo

Además de la ética científica, existen sobradas razones por las que es mejor huir de este tipo de revistas:

  • Si damos por bueno en el principio de quien paga, manda, estamos desprestigiando el conocimiento científico, porque implica que cualquiera puede conseguir lo que desee si pone el suficiente dinero. ¿Imaginas lo que supondría eso para un ámbito como la investigación de enfermedades, por ejemplo? Los resultados sesgados podrían perjudicar el trabajo serio de investigadores/as solventes y crear falsas expectativas en los pacientes (aún colea el caso del oncólogo español J. Baselga, obligado a dimitir de su puesto en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York por ocultar cobros millonarios de farmacéuticas para influir en sus investigaciones). Publicar en una revista depredadora solo puede ser nefasto para tu carrera.
  • Son un timo (disfrazado de científico, eso sí). Además, en muchas ocasiones saben que están bajo sospecha y en cuanto huelen riesgo, cierran el chiringuito dejando los artículos inaccesibles. ¿De verdad dejarías que alguien se aprovechara de tu trabajo sin más? Si nunca confiarías tus hijos o hijas a cualquiera, no lo hagas tampoco con tus ideas.
  • La competencia por puestos de trabajo especializados es muy alta y cada vez es más fácil desenmascarar a un impostor. ¿Te compensaría pasar por ello al intentar optar a una plaza? Piensa en las puertas que te cerraría ser cazado/a en algo tan chusco.
  • La cantidad no es sinónimo de calidad. Publicar un paper lleva su tiempo (tal y como he explicado en este post) e inundar la red de malos artículos crea un efecto tapón que impide avanzar al conocimiento científico contrastado.

Si sigues teniendo dudas, consúltame. En Docendo Discitur nos apasiona apostar por los investigadores noveles.

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