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No sin mi tesis: sobre la epidemia de plagio en la política española

Un año después del mediático caso de la tesis de Pedro Sánchez y el TFM de Carmen Montón, vuelve de nuevo a la primera línea informativa el plagio académico. Y en esta ocasión, con varios casos.  Cuando aún resuenan los ecos de las dudas sobre las investigaciones del biólogo López Otín, se hace público que Bienvenido Mena, director general de Innovación y Formación del Profesorado de la Junta de Castilla y León, renuncia a su cargo por repetir el mismo tema en dos artículos sobre educación multimedia con ligeros cambios de título (aunque esta práctica se conoce como duplicidad o redundancia, también se considera una forma de fraude científico). Sin embargo, el caso más reciente, sonado y parece que palmario es el de Concepción Canoyra, que acaba de dimitir como directora general de Educación Concertada, Becas y Ayudas al Estudio de la Comunidad de Madrid tras el relevo político que llevó a Isabel Díaz Ayuso a la Real Casa de Correos desde el pasado agosto. Añádase además que la creación de esta dirección general fue muy contestada, al entenderse que el nuevo gobierno regional priorizaba la educación privada en detrimento de la pública.

Concepción Canoyra ha trabajado toda su vida en instituciones ligadas al grupo SEK, una red de 19 colegios privados bilingües en la que también se engloba la Universidad Camilo José Cela (con dudosa fama por la velocidad a la que produce doctorandos, como muestra este reportaje: La churrería de tesis de la Camilo). Por esta Universidad se doctoró con una tesis que al parecer estuvo dirigida por una profesora del área de Filología Inglesa, muy alejada de la temática central de su tesis (marketing). Pero aún hay más: otro periódico ha descubierto que José Luis Málaga, periodista también ligado profesionalmente al grupo SEK, se doctoró posteriormente con un texto sospechosamente similar al de Canoyra. Más allá de epígrafes o cambios de título, el cotejo simple de ambas tesis arroja páginas enteras exactamente iguales.

Los implicados, por su parte, se defienden diciendo que en todas las tesis hay párrafos copiados. En su literalidad esto es cierto, pero los aludidos ignoran deliberadamente que una cosa es hacer citas legítimas y otra robar contenido ajeno de manera sistemática. Una tesis tiene que ser por definición innovadora y original para que pueda cumplir con su objetivo principal: hacer avanzar el conocimiento de su especialidad.

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Una tesis doctoral debe ser innovadora y original. Robar NO es investigar [Imagen: Pixabay]

Pero, ¿es realmente tan importante ser doctor o doctora? ¿Por qué este afán de notoriedad de ciertos políticos a través de tesis que, a todas luces, no son auténticas? ¿Qué está pasando en algunas universidades privadas? Como ya he explicado en este blog, la tesis doctoral es el trabajo de investigación que permite alcanzar el máximo grado académico dentro del sistema educativo reglado. No es necesaria en todos los campos de conocimiento ni imprescindible para trabajar si no se desea optar a ser docente universitario. Sin embargo, poseerla da prestigio. Y aquí es donde la política, que tantos lazos mantiene con la universidad, se deja deslumbrar por el brillo de los papeles timbrados.

Alardear de un buen currículo siempre queda bien en España, un país lleno de personal cualificado precarizado o sin empleo y de brillantes jóvenes emigrados debido a las nefastas políticas de I+D. Parece existir una debilidad colectiva por los papelitos con membrete. Y cuando no se tiene demasiada competencia técnica que ofrecer para un puesto político, sacar del maletín el título de doctor (aunque sea de pega) es un buen bastón para llegar rápido a la cima. Me parece vergonzoso que no se investigue a fondo cómo otorgan los títulos algunas universidades privadas, así como que no haya consecuencias más allá de la dimisión para las personas plagiarias. He aquí mis propuestas al respecto:

  • Retirar el título académico de Doctor e inhabilitar para ejercer puestos en la universidad a las personas que han cometido plagio. Imponer una multa ejemplarizante por deshonestidad y daño a la imagen académica de la Universidad.
  • Establecer controles en la elección de los directores de tesis, así como en el proceso de realización de éstas.
  • Habilitar páginas web de consulta pública donde queden recogidos los textos plagiados. Esto ya se hace en algunos países anglosajones y me parece una buena herramienta no solo para escarnio de quienes lo cometan, sino para concienciar sobre sus peligros y mantenerlo visible en la red.

El silencio y la complicidad son aliados imprescindibles de la corrupción, sea cual sea la forma que adopte. Me parece hipócrita y vergonzoso que se atemorice continuamente a miles de estudiantes de TFG y TFM con el plagio mientras, por otro lado, se venden tesis sin el menor pudor. La única forma de eliminarlo es formando a los estudiantes, incluyendo la ética científica en el currículo y reforzando las habilidades en gestión documental y metodología del personal investigador.

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