En pleno verano apetece disfrutar del aire libre, de las amistades, los días largos, los helados, las cervecitas y, para aquellas personas más afortunadas —entre las que me hallo— ver a diario el mar, uno de los entretenimientos más relajantes para un ser humano. Al menos en el hemisferio norte, el mes de agosto es el más vago, aquel en el que el calendario (administrativo) se ralentiza sin penalidades académicas.
Pero esto no quiere decir que dejemos de lado las tareas intelectuales. Al tener más tiempo libre, las horas se estiran y podemos dedicarnos a aquello olvidado durante los días grises. Si estás pensando en empezar tu TFG, quieres mentalizarte para arrancar, necesitas buscar fuentes para el marco teórico, te ves en la tesitura de tener que repetir convocatoria del TFG o simplemente quieres aprovechar las vacaciones para avanzar en el TFG, voy a darte tres ideas que no te esperas.
A menudo pensamos que el ocio digital es lo único disponible porque nos hemos acostumbrado a su presencia: es como el aire, solo lo echamos de menos cuando falta. ¿Y si las herramientas que pueden ayudarte a entrenar tus habilidades para enfrentar el TFG no son las que imaginas? A continuación propongo tres actividades muy veraniegas en las que ocupar tu ocio y al mismo tiempo mejorar tu TFG. Además, sin gastar mucho y sin conexión a Internet. ¿Te sorprende? Sigue leyendo.

1. Leer en soporte papel
Leer es una actividad gratificante en sí misma que puedes llevar a donde quieras: campo, playa, terraza, piscina o parque. [Aquí tienes algunas sugerencias para un investigador novel]. Pero leer en papel permite además desarrollar la atención plena, te ayuda a desconectar y hará que redactes mejor. La experiencia de la lectura continua sin enlaces hipertextuales fortalece la cognición, mejora la memoria y la retentiva, favorece la creatividad… Todo ello tiene que funcionar a pleno rendimiento durante la elaboración del TFG. De hecho, una buena inversión es hacerte con mi Manual para Sobrevivir al TFG. ¡También sirve la narrativa o el comic! ¿Se puede pedir más? Lánzate a por tus favoritos y devóralos sin interrupciones.
2. Utilizar las manos: cose, pinta, crea
Al leer este segundo consejo, tu voz interior ha susurrado: ¿Me estás diciendo que darle a la aguja o colorear mandalas es bueno para el TFG? La respuesta es sí. También pintar figuritas, hacer puzles de 10.000 piezas, armar un mecano o trabajar en un torno de alfarería (como Demi y Patrick en Ghost). Lo que une a todas las actividades que exigen destrezas de motricidad fina es el gusto por el detalle y la concentración. Ambas son habilidades muy necesarias para ser una persona investigadora, que debe dedicar mucho tiempo a profundizar en su tema abstrayéndose de todo lo demás. ¿Acaso creías que la paciencia y sabiduría de tu abuela venían de serie? Mientras zurcía calcetines o hacía colchas de patchwork, tenía tiempo para pensar y, seguramente, depurar esas amarguras diarias que, mal canalizadas, derivan en estrés, ansiedad y miedo. Si a ella le funcionó durante años, a tu TFG también.
3. Hacer deporte
El ser humano está diseñado para moverse. Practicar ejercicio regular a pie, en el agua o en bici no solo ayuda a tu salud física (no engordas, ejercitas tu corazón, mantienes el tono muscular y te ves más atractiv@), sino también a tu salud mental (libera endorfinas, que te harán sentir más feliz y norepinefrina, que regula la respuesta del organismo al estrés). Magnífico pero, ¿cómo afecta todo ello a tu investigación? Cuando notes que el TFG se te atraganta, 30 minutos de deporte te ayudarán a verlo colorido en lugar de negro [Puedes leer aquí: Cómo gestionar emociones negativas]. ¡Tampoco es imprescindible romper un récord! Calzarte unas buenas zapatillas y caminar a paso rápido surte los mismos efectos. Haz la prueba. Por algo los antiguos inventaron aquello de Mens sana in corpore sano.
¿Eres consciente de todo lo que está disponible ahí fuera? Apaga el portátil y disfruta del verano. En este mes tradicionalmente inhábil puedes descubrir el secreto para triunfar con tu TFG, TFM o tesis. Pero si no quieres quedarte con dudas, consúltame tu caso. ¡En Docendo Discitur me encantaría ayudarte!
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