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Caso Jason Arday: plagiar hasta morir

El pasado 5 de agosto dimitía un joven profesor de Sociología educativa en Cambridge (41 años) acusado de plagio. ¿Uno más? fue lo primero que pensé. En este blog hemos hablado de casos famosos de plagio. La noticia pasó completamente desapercibida en la prensa española. De hecho, yo me enteré porque leo habitualmente medios en inglés para mantener fresco el idioma sin recurrir a diccionarios. Me llamó la atención un caso así en un una universidad tan prestigiosa, fundada en 1209. Desde entonces, seguí su evolución con interés.

El asunto cambió de dimensión hace unos días: Jason Arday fue hallado muerto en su domicilio el 14 de agosto. La prensa de todo el mundo recogió su historia. ¿Hasta qué punto la presión por mantener el prestigio académico puede condicionar la vida de una persona? ¿Qué podemos aprender de este trágico suceso? Este post intenta responder sin sensacionalismo a esas preguntas.

Jason Arday portando la antorcha olímpica en Londres en 2012 [Imagen: RTVE]

¿Quién fue Jason Arday?

Jason Arday (Clapham, 1985-Battersea, 2026) era profesor de Sociología de la Educación en la Universidad de Cambridge y catedrático desde 2023. Se hizo conocido por una trayectoria epatante muy poco convencional. Hijo de inmigrantes ghaneses, se crio en una zona deprimida de Londres con muy pocos recursos. Según su biografía, titulada Great and Unfortunate Things y escrita con ayuda de una ghostwriterfue diagnosticado de autismo y retraso cognitivo. Los médicos dijeron a sus padres que nunca pasaría de un estado parecido al de un vegetal. Se comunicó en lenguaje de signos hasta los 11 años, aprendió a leer a los 18 y superó dificultades personales y de salud antes de graduarse y convertirse en el catedrático negro más joven de la longeva institución inglesa. Estaba especializado en educación, diversidad e inclusión y era padre de dos hijos. También fue corredor de ultrafondo con objetivos sobrehumanos y gestor de proyectos solidarios para llevar agua potable a países africanos. Con el paso del tiempo, se demostró que muchos de estos datos biográficos eran falsos o estaban magnificados. Poco antes de conocerse su muerte en circunstancias aún bajo investigación se supo que tenía intención de publicar sus memorias en Reino Unido.

Jason Arday y las acusaciones de plagio

En julio de 2026, el investigador Nathan Cofnas publicó un análisis en la plataforma Substack en el que afirmaba haber sometido la tesis doctoral de Arday a un software de detección de plagio. Encontró numerosos pasajes muy similares o idénticos a los de otra tesis, la de Paula Zwozdiak-Myers, defendida en 2009 en la Universidad Brunel de Londres.

Según varios medios anglosajones que recogieron el caso, más de cien fragmentos en la tesis de Arday (defendida en 2015 en la Universidad Liverpool John Moores) coincidían con la tesis de Zwozdiak-Myers, publicada seis años antes. Algunos de esos fragmentos estaban copiados casi textualmente, en ocasiones conservando incluso errores de corrección o tipográficos de la fuente original. También se señalaron posibles problemas en otros artículos académicos de Arday, con correcciones posteriores para añadir citas que algunos interpretaron como una admisión implícita de plagio.

Cofnas había sido despedido de Cambridge en 2024 y algunos medios, como este artículo de Afroféminas, vieron en su acción un trasfondo racista. Tanto la universidad donde Arday obtuvo su doctorado, como las revistas implicadas, dijeron haber investigado las acusaciones. Arday negó haber cometido plagio intencionado. Explicó que podía haber «errores honestos y razonables» debido, entre otros factores, a su condición de persona autista y la falta de supervisión adecuada durante su doctorado. Hay que decir que el plagio inconsciente también es plagio y se considera un signo de falta de diligencia en el análisis del estado del arte previo de cualquier disciplina.

A principios de agosto de 2026, la Universidad de Cambridge anunció que había iniciado una investigación formal sobre las «cualificaciones académicas y nombramientos honoríficos» de Arday, tras la aparición de «nueva información». Unos pocos alumnos se atrevieron a decir que sus clases tenían muy bajo nivel. Algunos colegas dudaban de su increíble palmarés, pero callaron ante el miedo a que el caso, exaltado como un milagro educativo, perjudicara a toda la comunidad negra. El psiquiatra Max Pemberton le dio entidad clínica: mitomanía o adicción enfermiza a mentir. La universidad prefirió no hacer más comentarios para «garantizar un proceso justo». Pocos días después, el 5 de agosto de este año, Arday presentó su dimisión «con efecto inmediato» de su plaza en Cambridge. Su salida se produjo en medio de un intenso debate público y mediático sobre honestidad académica, diversidad e inclusión en las universidades británicas. Lo increíble de esta biografía que pasa de nada a todo en tiempo récord alimenta teorías sobre ensoñaciones propias de un mentiroso compulsivo.

El 14 de agosto de 2026, Jason Arday fue hallado sin vida en su domicilio del sur de Londres. La policía descarta la existencia de un crimen. Su familia ha acusado públicamente a los medios de acosarle mientras se aclaraba su caso. «Esta campaña de desinformación fue demasiado para Jason, que era un hombre amable y que siempre quería ver lo mejor en todo el mundo» señalan sus deudos en un comunicado emitido por la editorial Simon & Schuster, la misma que va a publicar sus memorias ya póstumas.

Conclusiones: Jason Arday, publish or perish

La presión por publicar para mantenerse en la cima de la excelencia académica es brutal. Nunca el famoso ‘publish or perish’ fue tan literal. Más allá de los detalles morbosos, este caso demuestra que la inclusión no implica solamente cubrir un cupo, sino diseñar políticas públicas transversales que den oportunidades a quienes realmente las necesitan y las merecen. Muchas preguntas siguen sin respuesta. ¿Cómo se llevó a cabo la tutela de Arday? ¿Le facilitó la universidad apoyos especiales si sabía que era autista? ¿Pasaron controles de calidad adecuados los textos de Arday antes de ser publicados? Cualquier tesis tiene siempre dos responsables: el doctorando y su director (o directores). Hasta donde llegan mis conocimientos, nadie ha puesto en duda las habilidades de supervisión de Phillip B. Vickerman, supervisor doctoral de Arday.¿Nunca hubo contradicciones en su relato que pudieran hacer pensar en un posible trastorno mental? ¿Hasta dónde se puede llegar para validar la inclusión como sinónimo de éxito?

Durante su pico de popularidad, Arday fue denominado por los medios como el sociólogo más famoso del mundo. Convertir a una persona en tótem o héroe es injusto para ella, además de someterla a un asfixiante escrutinio. Pero existe, además un riesgo añadido cuyas consecuencias son todavía difíciles de calibrar: el rechazo de las universidades a becar o ayudar a personas con discapacidad o trastornos mentales por miedo o que su falta de rendimiento perjudique su imagen pública. Está por ver si asistimos a una involución de la inclusión educativa de colectivos vulnerables debido a este caso. Como mujer con discapacidad a la que nunca han regalado ni una décima en sus calificaciones, creo necesario decir que no se trata de exigir menos, sino de proporcionar apoyos para salvar una desventaja involuntaria e indeseada.

La Ciencia necesita ser rigurosa, comprobable, ética e insobornable. De lo contrario, es todo el sistema el que está en entredicho. Jason Arday fue solo una pieza a la que se quiso hacer brillar para demostrar que todo es posible en un mundo perfecto. Pero, la verdadera pregunta sería, ¿a qué precio?

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1 comentario en “Caso Jason Arday: plagiar hasta morir”

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