Inteligencia Artificial, Plagio, TFG, TFM

TFG: ¿sirve de algo en plena era de la IA?

Hace tiempo que quería tocar un tema espinoso, de esos que no queremos ver. ¿Tiene sentido exigir un TFG a todo el alumnado si puede hacerse con IA? Y más allá: ¿cuál es la intencionalidad didáctica de este tipo de trabajos desde el momento en el que un TFG se puede comprar, como ya expliqué también en este blog? Ambas son preguntas pertinentes que seguramente habrán rondado por la cabeza de miles de estudiantes obligados a pasar por este trance.

La primera idea que quiero transmitir es que, en origen, el TFG sirve para una cosa: demostrar ante expertos que se sabe aplicar lo aprendido en el Grado. Esta finalidad parece loable, pero lo cierto es que el famoso Plan Bolonia ha implicado una mercantilización de la enseñanza que trata a los alumnos como clientes y prima cantidad frente a calidad. Y esto ya sucedía antes de la irrupción de la IA. que ha venido para quedarse. Más nos vale que los estudiantes aprendan a usarla correctamente. ¿Cuál es el lugar de los TFG en todo esto? ¿Deberían modificarse? ¿Deberían suprimirse? Vamos a analizar la situación actual, a partir de la cual daré sugerencias para el abordaje de este asunto.

El TFG debe proveer habilidades y empleabilidad al estudiante [Imagen: Freepik]

El origen: ¡TFG para todos!

Presentar un TFG es requisito indispensable para obtener cualquier titulación, de cualquier ámbito y con cualquier orientación. Da igual si el alumno no piensa dedicarse jamás a la investigación. Aquí radica el núcleo del problema. El Plan Bolonia da por sentado que presentar una investigación original es útil en cualquier contexto, y lo exige sin dotar de más medios a las universidades ni implementar mecanismos de control. Como expone un profesor universitario en el artículo: ¿De qué sirve un TFG o una tesis cuando se puede comprar? publicado en El País en 2024, el sistema tiene grietas a través de las que se cuela el mercado. El alumno ve el TFG como un infierno, lo encarga (¿externaliza?) a alguien por dinero y lo entrega a un tutor que no lo cuestiona porque sería como cuestionarse a sí mismo. Todos callan; nadie aprende. Creo que no todos los Grados deberían presentar un TFG y que son necesarios mecanismos para evitar el plagio, copia o mercadeo de trabajos académicos. Aquellos estudios no centrados en la investigación podrían hacer un proyecto técnico, un estudio de viabilidad, un estudio clínico, un plan de empresa… es decir, propuestas aplicadas a cada disciplina con un límite máximo de 25 páginas sin exposición ante tribunal. Eliminaría presión y estrés en el alumnado, descargaría de trabajo a los tutores y mediría adecuadamente las capacidades del futuro graduado o graduada.

3 sugerencias para que el TFG y la IA convivan sin fraudes

1. Base de datos unificada para toda España

La base de datos TESEO (que saltó a la fama mediática con la tesis de Pedro Sánchez), registra desde hace medio siglo las tesis presentadas en España recogiendo la fecha de lectura, universidad, tribunal y resumen. En muchos casos también permite la descarga del texto completo. No existe una base de datos similar en las 96 universidades españolas (incluyendo privadas) para los TFG y TFM. Cada universidad tiene un repositorio digital en el que va colgando los trabajos, pero no es interoperable ni hay criterios unificados. Un alumno de Madrid, otro de A Coruña y otro de Sevilla pueden presentar el mismo TFG sin que a nadie le chirríe. El primer paso para evitar las grietas mencionadas es recolectar a través de una base de datos del Ministerio de Educación todos los trabajos presentados.

2. Crear itinerarios estructurados de investigación

El TFG como tal solo tiene sentido si el estudiante quiere orientar su carrera a la investigación o al Doctorado. En estos casos, el TFG debería concebirse como un ensayo a menor escala de la tesis doctoral que contribuya a desarrollar habilidades investigadoras. Para ello han de diseñarse itinerarios específicos de investigación en pre y posgrado, que incluyan habilidades transversales (redacción científica, oratoria, metodología, gestión de proyectos, presupuestos, gestión de subvenciones para investigación) e información sobre salidas laborales, tanto en España como en el extranjero. Tomarse la investigación en serio es justo lo que España no ha hecho nunca en lo que llevamos de democracia.

3. Tutorización intensiva y remunerada

Ser tutor o tutora de TFG tiene un impacto nulo en el sueldo. Su tiempo, sus conocimientos, no valen nada. ¿Sorprendente? Esto es posible porque el TFG tiene rango asignatura, no de proyecto adicional que requiere atención personalizada. Es esperable que los tutores pasen de puntillas ante la avalancha de trabajos que revisan, a veces sobre temas de los que no tienen ni idea. Si queremos TFG de calidad, cada tutor debe recibir a un máximo de alumnos cada curso sobre sus líneas de investigación y un incentivo económico por dedicación. Primar las notas numéricas podría inflarlas. Resultaría más fiable establecer un indicador de TFG y TFM aprobados en primera convocatoria para ir aumentando paulatinamente la gratificación.

¿Has pasado por la experiencia de hacer un TFG o TFM? ¿Estás en ello y te sientes desorientado o poco acompañado? Docendo Discitur es la solución. ¡Consúltame!

PARA SABER MÁS: Codina, L. (2025). Uso ético y eficiente de la inteligencia artificial en trabajos académicos: Veritas e interacción crítica escalonada. BiD, 55 (diciembre). DOI: 10.1344/bid2025.55.01.