🛋️ El Sillón de Leer, Ensayo🔎

«Memorias de cine» de Emilio G. Caba

Siento en EL SILLÓN DE LEER a una figura clave de los últimos sesenta años en el cine español: Emilio Gutiérrez Caba (Valladolid, 1942). Hijo, hermano y tío-abuelo de actores, forma parte de una saga actoral de gran prestigio y antigüedad en España iniciada por Pascual Alba en el siglo XIX. El autor del libro que hoy reseño fue el último de los tres hijos de Emilio Gutiérrez e Irene Caba. Sus hermanas mayores, Irene (1927-1995) y Julia (1932-) ejercieron también la profesión de actrices. Emilio, que nunca se ha casado ni tenido hijos, es tío-abuelo de Irene Escolar, también actriz de cine y teatro. Actualmente es el presidente de AISGE y con más de 80 años sigue haciendo teatro.

Cuando abrí este libro memorialístico, me esperaba un relato cronológico al uso, con mucho cotilleo y bastante cine. A fin de cuentas, Emilio empezó muy joven, ha trabajado con Almodóvar y tiene el honor de ser el único actor que ha ganado dos Goyas como actor de reparto en años consecutivos (por La comunidad en 2001 y por El cielo abierto, en 2002). Sin embargo, me he encontrado con un testimonio en primera persona de un cine que ya no se hace, además de un recorrido por los cambios en los modos, maneras y bambalinas del Séptimo Arte, escrito sin morbo, con respeto y toneladas de amor por la profesión.

Sinopsis

Memorias de estructura atípica. El autor repasa seis décadas de su prolífica carrera en el cine español a través de 40 películas de su filmografía, desde su debut mientras cumplía el servicio militar en 1963 (Como dos gotas de agua, de Luis César Amadori), hasta el año 2018. (El árbol de la sangre, de Julio Médem). Cada capítulo sirve para ilustrar aspectos de su vida personal y profesional, anécdotas, planes de rodaje, dificultades económicas para sostener las películas y discusiones con productores o directores como la irascible Pilar Miró. Emilio G. Caba hace gala de una exquisita elegancia al narrar sus relaciones amorosas surgidas en el set, la censura franquista, la camaradería perdida entre compañeros y la transición al nuevo cine español, ofreciendo una mirada auténtica sobre la vida de un actor más allá de las alfombras rojas.

Comentario personal

El libro muestra un tono costumbrista y veraz. Ofrece un anecdotario de rodajes precarios, taquillazos y fracasos, sin jerarquizar por calidad cinematográfica sino por vivencias personales. Otro de sus puntos fuertes es que no oculta la baja o nula calidad de algunos guiones que se ve obligado a aceptar simplemente porque pagan bien y tiene esos días disponibles entre gira y gira teatral. Nada que no hayan hecho otros pesos pesados de Hollywood, como Sean Connery o Michael Caine. Emilio Gutiérrez Caba pinta un fresco del cine español desde los sesenta: las dificultades de rodar sin sonido directo, la caspa de cierto cine comercial bajo la España del desarrollismo, el riesgo físico en producciones serie B y la eclosión de directores que habrían de marcar un antes y un después en el cine patrio. Porque el autor participó en dos de las películas que dieron carta de naturaleza al llamado Nuevo Cine Español: Nueve cartas a Berta (Basilio Martín Patino, 1966) y La caza (Carlos Saura, 1966). En la primera, rodada íntegramente en Salamanca, Emilio se enamorará en la vida real de su coprotagonista cubana Elsa Baeza, a quien, confiesa, le costó olvidar. Del rodaje de la segunda menciona un calor asfixiante y el uso de munición real, que casi causa estragos irreparables en el rodaje, amén de provocarle ansiedad sin fin. Estos dos títulos forman parte de una suerte de Nouvelle Vague a la española con menos medios y peor publicidad, que es muy mal conocida fuera de los círculos cinéfilos.

Por estas páginas desfilan esplendores y miserias de la profesión: escenas grotescas como nadar en el mar helado embadurnado de grasa para Haz conmigo lo que quieras, (Ramón de España, 2003) o malentendidos emotivos, como viuda real le confundió con el cura que interpretaba en El sacerdote (Eloy de la Iglesia, 1978), al verlo caracterizado. Emilio G. Caba captó tal congoja en la mujer que la consoló lo mejor que pudo sin confesarle que era un simple actor a punto de rodar. Me ha gustado también descubrir sus películas más internacionales, como Las endemoniadas (Sergio Bergonzelli, 1970), Se trata de un ejemplo de giallo italiano, normalmente de terror, en la que compartió cartel (y amor) con la bellísima Anna Maria Pierangeli (1932-1971), conocida artísticamente como Pier Angeli. Cuando se conocen, Emilio es diez años más joven, lo cual no impide el romance. Él ignoraba la frágil salud mental de ella, quien sufre una crisis mientras pasan juntos las Navidades en casa de él, en Madrid. Renunciando al morbo que seguramente le haría vender más ejemplares, lo narra así: «En aquella España de los sesenta era difícil ayudar a alguien con aquellos problemas mentales, salvo que fueses un familiar, y ninguno de los suyos vino aquí para tomar decisiones médicas que Anna necesitaba con urgencia. La abandonaron, y ciertos personajes de la embajada [italiana] me amenazaron con tomar medidas en mi contra si volvía a ponerme en contacto con ella. Aquellas personas fueron las autoridades consulares italianas y el director de un hospital público madrileño. Ellos sabían que estaba enferma, muy enferma, y no movieron un solo dedo; bueno sí, movieron las dos manos para amenazar y silenciar». El autor admite su parte de culpa dejándose amedrentar. La actriz de ojos grises pereció un año después por sobredosis de barbitúricos, un final que Emilio parece prever. Anna debió de haberle dejado huella: su angustia por tan dramático desenlace aún traspasa el papel medio siglo después.

Una de las aportaciones del libro es la reivindicación de películas notables que, ya sea por mala promoción o distribución, no han tenido el respaldo merecido. Lamenta la amnesia actual sobre figuras olvidadas (María Asquerino, José Bódalo) y la falta de narrativas elaboradas en el cine contemporáneo («¿O el cine sirve para algo más que para matar el ocio?» se pregunta). Sorprende descubrir que actualmente los actores son constantemente vigilados en los rodajes, seguidos por un meritorio incluso al aseo, algo que el autor juzga absurdo e infantilizador.

El estilo de escritura es llano, sin florituras, semejante a una conversación. Presenta leves defectos que un a corrector profesional (¿no los hay en Cátedra?) nunca se le escaparían. Sobran redundancias frases no muy bien construidas. En ocasiones se hace repetitivo, con párrafos demasiado largos que lastran la experiencia de lectura. Pese a todo, resulta seductor para cualquier cinéfilo que valore la Historia del Cine por encima de los cotilleos insustanciales.

Mi valoración

7/10

Lo mejor: La cantidad de información que aporta, las fotografías, su delicadeza y respeto hacia terceros. Lo peor: Cierto aire naif que dibuja un franquismo de cartón-piedra, así como incorreciones de estilo.

Ficha técnica

Memorias de cine de Emilio Gutiérrez Caba. Ediciones Cátedra. 304 páginas. Encuadernación en tapa blanda formato bolsillo. ISBN: 978-84-376-4616-9.