EL SILLÓN DE LEER no descansa en verano. Vuelve a recalar en el actor Paul Leonard Newman (1925-2008), que hubiera cumplido un siglo de vida este año. Él protagonizó la versión cinematográfica de El buscavidas, novela que inauguró esta sección en febrero de 2025. Hoy traigo una peculiar autobiografía que derrumba mitos en torno a persona. El primero de ellos, su atractivo físico: Paul era daltónico, flacucho, negado para las matemáticas, poco hábil. Reconoce que su segunda esposa, la talentosa y oscarizada actriz Joanne Woodward (1930), fue crucial para que confiase en sus posibilidades y en ese magnetismo que irradiaba a través de la pantalla.
Newman es uno de mis favoritos por su versatilidad actoral más allá del cine romántico al que su apostura parecía predestinarlo. Los ojos azules más hechizantes de la historia del cine fueron mucho más que eso: servidor de la Armada en las bases de Okinawa y Guam, graduado universitario, actor, director (su ópera prima, Raquel, Raquel le dio un Globo de Oro), piloto de carreras (ganó las 24 horas de Daytona con 70 años, récord aún no superado), alcohólico redimido y fundador de Newman’s Own, una empresa de salsas y alimentación cuyos beneficios se destinan a proyectos solidarios (su lema es Let’s give it all away). Un hombre poliédrico que eligió confesarse sin evitar ningún pozo negro.
Sinopsis
Autobiografía estructurada en 14 capítulos a partir de cientos de entrevistas realizadas por Stewart H. Stern entre 1986 y 1991, con el objetivo de legar su propia verdad a sus cinco hijas vivas (Susan, Stephanie, Eleanor, Melissa y Claire). El actor se arrepintió, detuvo el proyecto y mandó destruir las cintas. Las que se salvaron por no haber sido encontradas, se combinan con testimonios de actores, directores y otras personas que trataron a Newman para cristalizar en un libro que él nunca vio publicado. La apertura es de Melissa y el epílogo corre a cargo de Clea (Claire).
Comentario personal
Paul fue el menor de los dos hijos (primera sorpresa: su hermano Arthur, de idénticos ojos, dobló primeros planos de su mirada para algunas películas), de un matrimonio de comerciantes judíos de Cleveland. Una tienda de deportes les dio sustento hasta 1929. El famoso crack bursátil los arruinó y resurgieron gracias a la venta de excedentes electrónicos del ejército. Arranca así lo que Paul llama la suerte Newman: una serie de descubrimientos azarosos que protegen al clan. Las relaciones familiares fueron complejas («Mi madre comenzó a dar muestras de aprecio hacia a mi padre tras la muerte de este»). Quizás aquí enraizarían las inseguridades de la futura estrella («En casa se tenía la insatisfactoria sensación de que [yo] no era capaz de hacer nada a derechas»; «Imaginaba que acabaría trabajando de barrendero o de empleado de gasolinera»; «Sentía un miedo de muerte cada vez que tenía que hablar a cámara».)
El joven Paul fue un adolescente tímido y un soldado entregado al sexo y al alcohol durante sus años en la Armada, donde descubrió su daltonismo. Se graduó en Dirección de Escena en Yale y se casó a finales de 1949 con Jacqueline Witte, otra aspirante a actriz. Con ella engendraría tres hijos. Su primogénito y único varón («Scott era un niño muy sensible. No creo que este mundo depare nada bueno a personas así», resume la madre), llevó como una carga su apellido y padeció graves adicciones hasta que un cóctel de alcohol y ansiolíticos lo mató con 28 años. Este drama personal recorre toda la obra. Newman no esconde sus remordimientos: «¿Qué parte de culpa en lo que le pasó tuvo mi profesión o el divorcio, y qué parte le toca también a Jackie?» reflexiona. La película Harry e hijo, que dirigió y protagonizó en 1984 está dedicada a su memoria.
En el libro se narran sus inicios en el teatro, sus primeros papeles en el cine («Ese chico va a ser una estrella (…) Es tan guapo como Brando pero su masculinidad, siendo también marcada, resulta más actual» dice Elia Kazan), sus agrias discusiones con Jack Warner (quien queda retratado como un negrero de la industria) y sus encontronazos con otras figuras como Steve McQueen. Ambos se profesaron odio mutuo, compitieron por varios papeles y finalmente, trabajarían juntos en un clásico del cine de catástrofes, El coloso en llamas (donde, por cierto, el malogrado Scott tuvo un breve papel como bombero con acrofobia.) Newman consumió cerveza en cantidades incompatibles con la salud, siempre en soledad y sin interferir en los rodajes. Todos destacan su profesionalidad: nunca acudió borracho ni olvidó un texto en el set.
El punto de inflexión llegará en 1958, año de su boda con Joanne Woodward, madre de sus tres últimas hijas y con la que permaneció en su casa de Westport (Conneticut) hasta su muerte. La confesión más impactante del libro cabe en una frase: «Joanne me hacía sentir atractivo». ¿Cómo no empatizar con su narración? Martin Ritt, que los dirigió en El largo y cálido verano, dice: «Paul, como hombre, es un animal totalmente sexual. Por eso es una estrella. (…) Joanne era una de las mejores actrices del momento. Paul lo sabía y aquello fue un factor crucial durante toda su vida. Siempre se sintió culpable por haber logrado el estrellato y que a Joanne no se la considerase a ese nivel.»
El libro contiene jugosos descubrimientos sobre el funcionamiento del Hollywood dorado, pero adolece de un ritmo irregular. Cuesta seguir el hilo. Aún así, se agradece la estupenda colección de fotografías, el humor, la humanidad que desprende cada página. Al contactar con las personas que iban a completar su testimonio (por el libro desfilan familiares, amigos, compañeros de la Marina y famosos como Janice Rule, Robert Altman, George Roy Hill o Tom Cruise), Paul les dio libertad absoluta. Todos han cumplido, creando una obra tal vez única en su género: la autobiografía desmitificadora y brutal.
Mi valoración
7,5/10
Lo mejor: Su honestidad y autenticidad, muy infrecuente en libros de este estilo. Lo peor: Una estructura algo caótica que penaliza la experiencia de lectura.
Ficha técnica
La extraordinaria vida de un hombre corriente. Una autobiografía, de Paul Newman. Entrevistas realizadas por Stewart H. Stern. Libros Cúpula. 336 páginas. Encuadernación en tapa dura. 978-84-480-2990-6.

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